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4 may. 2009

Desde hace 273 años el pueblo de Azumiatla ha sufrido despojos, dijo Ruiz Medrano

Puebla, Pue., (La Jornada de Oriente).- El despojo de tierras contra los campesinos de San Andrés Azumiatla no es nuevo, pues data de hace 273 años y de ello hay constancia en el Archivo General de la Nación (AGN). Ahí hay documentos en los que se demuestra que los indígenas se enfrentaron en los tribunales contra los hacendados españoles que, bajo el pretexto de que perjudicaban sus predios con el pastoreo de animales, terminaron apoderándose de más tierras, esto en pleno periodo colonial.

La anterior es resultado de una investigación que realizó la investigadora Ethelia Ruiz Medrano, de la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). La especialista en pueblos indios del centro de México en los periodos históricos del siglo XVI a la fecha manifestó que su interés en el caso de Azumiatla se incrementó tras haberse enterado del violento enfrentamiento con la Policía de Puebla el pasado 25 de abril; ella ya tenía conocimiento de que este pueblo defiende su tierra desde hace siglos.

La también integrante del Sistema Nacional de Investigadores ingresó al AGN la semana pasada y encontró que el volumen 705, expediente uno, que va de los años 1736 a 1768, hace constar de un litigio entre “los naturales del pueblo de San Andrés Azumiatla contra el capitán Benito García, dueño de la hacienda de San Andrés Azumiatla, sobre propiedad de tierras”. El documento indica que el capitán Benito García, vecino de Puebla, “denunció que los indios de Azumiatla pastan sus ganados en las tierras de su hacienda y siembran maíz”. Los habitantes del pueblo ya tenían un pleito legal en contra de ese hacendado por despojo de tierras y agua en la Real Audiencia de México.

En una carta fechada el 10 de julio de 1748 y dirigida a las autoridades coloniales, los indios de Azumiatla denunciaron que Nicolás Fajardo, mayordomo de la hacienda del capitán don Benito García, acompañado de dos soldados, dos indios y de Andrés García, hijo del hacendado, destruyó “lo que teníamos sembrado en nuestras tierras, lo cortaron con coa y las destrozaron todas (las milpas), previniendo (a los indios) que hasta los magueyes nos habían de arrancar (todo ello) con violencia y contraviniendo las leyes reales y autos acordados”.

Los cultivos de maíz y calabaza que esos hombres arrasaron estaban en tierras comunales de Azumiatla. En una visita ocular –un recorrido que normalmente hacían las autoridades cuando se trataba de litigios por tierras–, el hacendado acusó a los indios de quitarle el agua a sus tierras; sin embargo, los de Azumiatla no se enteraron de esta visita y en consecuencia se les prohibió cortar leña en un cerro llamado Nanahuachi, que utilizaban desde esa época; asimismo, quedó asentado que por cortar leña para obtener carbón en este monte varios indios de Azumiatla fueron encarcelados. El pleito quedó pendiente, concluye el documento.

Otros casos

Otro documento encontrado por la investigadora Ruiz Medrano en la sección de Tierras del AGN, en el volumen 299, expediente tres del año 1782, da constancia del pleito entre José Núñez, dueño de la hacienda de San José Tlaxcolpan, contra los naturales del pueblo de San Andrés Azumiatla sobre propiedad de tierras, jurisdicción de Puebla.

La hacienda colindaba con el pueblo de San Andrés Azumiatla, cuyos habitantes ya tenían una demanda en la audiencia en contra de Núñez, quien en una carta expresó su “asombro” de la piedad con que se trata a los indios de ese pueblo, ya que afirma que estos son “codiciosos” de tierras. El hacendado dijo que se meten en sus propiedades –que son las mismas que reclamaban los de Azumiatla– con yuntas de animales que barbechan sus tierras e introducen sus ganados. Para justificar todo lo anterior presenta en este juicio el testimonio de varios españoles que testifican a su favor.

Sin embargo, el pueblo de San Andrés Azumiatla explicó a lo largo del juicio que ellos no tienen tierras, ya que fueron despojados por los hacendados y que ni siquiera tenía “las 600 varas en cuadro que corresponden por expresa decisión de la ley del reino, repetidas 12 resoluciones de su majestad y superior decreto de la Real Audiencia de esta Nueva España”. Al igual que el caso anterior, el pleito quedó pendiente.

Ruiz Medrano precisó que las 600 varas se refieren al fundamento legal en el que la ley colonial determinó que era necesario e imprescriptible que los pueblos indios tuvieran tierra comunal; a partir de 1567, el virrey Marqués de Falces otorgó a cada pueblo 500 varas, y en 1687 se extendió a 600 a partir de la última casa del pueblo. Las 600 varas equivalían a 101 hectáreas o un kilómetro de distancia, aproximadamente, a partir de la última casa de cada pueblo. Los españoles se opusieron a la medida, y a partir de 1695 las 600 varas se midieron a partir de la iglesia de los pueblos, ya no de la última casa porque no convenía a sus intereses.

En un tercer caso jurídico, que la investigadora ubicó en el volumen 1095, expediente seis, de los años 1776 a 1783 en el AGN fue el de Ignacio Antonio Núñez –al parecer pariente del hacendado del caso anterior–, dueño de la hacienda de San José Tlaxcolpan, en contra de San Andrés Azumiatla por la propiedad de tierras.

Los indígenas declararon que el 20 de mayo de 1783 Ignacio Núñez les quitó tierras que están detrás de la iglesia, mirando al oriente; los indios de Azumiatla explicaron que esas tierras las obtuvieron a través del conquistador Jacinto Salamanca, quien fundó los pueblos de San Andrés y otros alrededor; además de despojarlos, el hacendado les quemó sus jacales.

En este juicio, el 26 de junio de 1783 el párroco de San Francisco Totimehuacán, declaró que Azumiatla pertenecía a esa doctrina y que los indios no tienen tierras, vivían despojados por los hacendados y se mantenían de sacar carbón del monte, el cual vendían en la ciudad de Puebla. Pidió que les devolvieran las tierras que les quitó Núñez y que están detrás de la iglesia; en respuesta, el hacendado declaró “que los indios de Azumiatla... no quieren trabajar ni en la haciendas, en los tejidos de algodón, fabricando chiquihuites o petate, sino que se viven atenidos a lo que adquieren robando los montes de las circunvecinas haciendas (sin querer) venir a trabajar a ellas, aunque los labradores los soliciten para ganar dinero y respeto”.

Los de Azumiatla respondieron que fueron despojados de sus tierras por el hacendado y que sus linderos se componía “desde el río de Atoyac, del vado grande que nombran San Diego, hasta el cerro de Nanaquachi, en cuya punta va al camino de Teopantlán que divide los linderos de Tlaxcoapan La Huerta y la Caraqueña, y por abajo por tierra caliente con San Bartolomé y Teopantitlán; asimismo, dijeron que las tierras que reclamaban se las quitaron en los años 30 del siglo 18, refieren los datos extraídos por la investigadora Ruiz Medrano.

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