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26/05/2009

Arrancan programa piloto en primarias indígenas

Por Valerio Chan Chi, corresponsal

Peto, Yuc.-
Estudiantes de dos escuelas primarias indígenas en el Estado de Yucatán serán las primeras en tener un horario ampliado, donde los niños y las niñas además de clases, recibirán alimentos y actividades extracurriculares, como parte de un Programa Piloto impulsado por el Gobierno del Estado.

A finales de marzo de este año se determinó que serían dos planteles los que comenzarían a funcionar de tiempo completo, con el fin de mejorar la calidad de la educación.

Estos planteles serán la escuela primaria bilingüe “Fernando Ximello”, de la comunidad de Tixhualatun, municipio de Peto, y la primaria “Antonio Mediz Bolio” de Noh-bec, municipio de Tzucacab.

A principio de este mes se le dotó a estos dos planteles de los implementos necesarios para que niños y niñas mayas reciban alimentos, para lo cual los comisarios municipales, conjutamente con los padres de familia y personal docente de los servicios se abocaron a la tarea de construir palapas rústicas que servirán como cocinas y comedores.

Igualmente se acondicionaron aulas con equipo de cómputo, donde se impartirán clases especiales de informática, para lo cual se asignaron recursos especiales.

El horario escolar en estas dos primarias indígenas será de siete de la mañana a cinco de la tarde. El horario de clases será como ha sido hasta ahora, a la 1 de la tarde, pero por las tardes practicarán deportes, artes culturales, bailables y computación y para ello se tiene un horario de comida.

Presentarán coro de niños mixtecos en Santo Domingo de Guzmán

Por René López, corresponsal

Heroica Ciudad de Tlaxiaco, Oax.-
El coro Voces de la Asunción de la ciudad de Tlaxiaco, con treinta y tres niños y después de presentarse en foros nacionales, este viernes 29 de mayo, ofrecerá en el templo de Santo Domingo de Guzmán de la ciudad de Oaxaca, escenario de varios sucesos importantes en la historia de México; un concierto de la música Oaxaqueña, nacional e internacional.

A sus más de cuatro años de formación del coro voces de la asunción, con un material fonográfico recientemente publicado y con un repertorio representativo universal, se presentará a las 6 de la tarde, en este templo majestuoso de los dominicos, arquitectura barroca novohispana.

La formación del coro surgió hace cuatro años a interés del sacerdote de la parroquia de Tlaxiaco, Eduardo Godínez Contreras y de los músicos Santiago Avendaño García y su esposa que desde principio son los responsables de este proyecto.

En este concierto, la niña Aurora flores González, de ocho años de edad, sustituirá a su maestro Santiago Avendaño García, para tocar en el piano seis piezas musicales nacionales, las que fue aprendiendo desde los 4 años, edad en que ya dio su primer concierto.

Se espera que el coro voces de la asunción, este miércoles 27 de mayo, ofrezca un recital en honor y despedida al sacerdote Eduardo Godínez Contreras, uno de los principales impulsores del coro, “voces de la Asunción” quien abandonará el cargo este 31 de mayo.

El director del coro, Santiago Avendaño, en entrevista dio conocer, que los niños que se han quedado a conformar esta agrupación, están convencidos del trabajo que aquí se hace, porque desde un principio se les planteo el respeto y responsabilidad que tenían que asumir en esta disciplina.

El avance sigue y a diario se trata de detallar aspectos e incluir mayor repertorio que abarque cobertura e identidad nacional, así como internacional, siempre en busca de la perfección.

Los padres de familia nos hemos dado cuenta de lo difícil que es mantener a nuestros hijos en esta disciplina, ya que los ensayos son constantes, pero estos generan en los niños responsabilidad y respeto a las bellas artes, además que los vuelve sensibles y con alto sentido humano, dio a conocer Rolando Bautista Zafra, presidente del comité de padres de familia del coro.

Nada detiene este proyecto, ni los nulos apoyos por parte de las autoridades municipales, a quienes muchas de las veces se les ha pedido su colaboración, hay carencias pero tratamos entre todos enfrentar los gastos de traslados y de necesidades de infraestructura, solo sabemos que siempre contaremos de las aportaciones del director de este coro.

Mientras tanto ya detallan el repertorio Oaxaqueño, para presentarse en Santo Domingo de Guzmán de la ciudad de Oaxaca este viernes 29 de mayo a las 6 de la tarde.

Grupos Indigenas toman la explanada de la Ex Presidencia

Ciudad Juárez, Chih., (Puente Libre).- Desde cadenitas, brazaletes, vestidos típicos, camisas bordadas, semitas y pan de nata, fueron las artesanías que grupos indígenas ofertaron desde la mañana en la Ex Presidencia Municipal.

Cientos de juarenses que día a día transitan por las calles de la Zona Centro, disfrutaron de esta exposición y aprovecharon para comprar un recuerdito, que nos recuerda la nostalgia de nuestro México.

De igual forma los organizadores del evento denominado “voces indígenas” montaron un bailable con la vestimenta típica de estas culturas, las cuales a pesar del paso de los años siguen presentes en nuestra civilización.

Otorgan reconocimiento mundial a agrupación indígena por caféorgánico

Tapachula, Chis., (Notimex).- La asociación Indígenas de la Sierra Madre de Motozintla celebró hoy su vigésimo tercer aniversario de fundación, con un reconocimiento como una de las organizaciones de café orgánico más importantes del mundo.

El presidente del Consejo Directivo de esa agrupación, Mario Morales, señaló que la unión de los indígenas, trabajo y la protección al medio ambiente los ha llevado a producir, procesar y comercializar uno de los cafés más cotizados a nivel mundial.

Refirió que "eso no sólo pone en alto el nombre de Chiapas y de México, sino que representa la generación de miles de empleos y grandes divisas para el país, además de que ha contribuido al cuidado de las montañas y bosques de la entidad".

En el acto, presentó el informe financiero de la agrupación, en el que hizo hincapié en que además de las grandes inversiones que han realizado en infraestructura y maquinaria de alta tecnología, sus finanzas están sanas.

Ante funcionarios de los tres niveles de gobierno, legisladores y de los socios, destacó que los objetivos serán transformarse en una sociedad con trabajo común organizado, y sobre todo, con transparencia.

La organización nació con la participación de 250 socios, en una reunión en la que se eligió la primera mesa directiva y se establecieron los principios, basados en el trabajo común, y en 1989 comenzó sus actividades exportadoras.

Mario Morales explicó que el café que exportan es una mezcla de granos finos seleccionados con un estricto control de calidad y producido únicamente en Chiapas, en la frontera sur del país, con técnicas agroecológicas, de sabios de la cultura maya.

Los granos son cosechados a una altura de entre 900 a mil 600 metros sobre el nivel del mar, en suelos volcánicos, y cultivados bajo sombra.

Esclavos de los cárteles

Montaña de Guerrero., (El Universal).- Un par de platos desechables cuelgan de los delgados mecates a manera de platillos de una balanza que usa corcholatas como pesas. El rústico instrumento permite a Luz, indígena tlapaneca de 42 años, pesar lo obtenido tras el raspado de cada cápsula de las amapolas que cultivó durante tres meses. Al producto de esta actividad clandestina le llaman “maíz bola” en los pueblos recónditos de la Montaña Alta de Guerrero. En realidad, se trata de la goma de opio que acabará en las calles en forma de heroína.

“Cada corcholata pesa dos gramos”, detalla Luz. Mientras charla, cinco corcholatas logran el equilibrio en la rústica balanza, pues obtuvo 10 gramos de goma. Esta indígena, madre de cuatro mujeres y habitante de una de las comunidades más pobres del país, recibe del intermediario entre 15 y 18 pesos por gramo, nunca más. Ignora que en el mercado menudista de la droga en el Distrito Federal medio gramo de heroína cuesta entre 350 y 700 pesos, dependiendo su pureza.

Familias indígenas que habitan la Montaña de Guerrero sobreviven, en parte, de la siembra de amapola y la venta del “maíz bola”. Aquí no relucen esos camionetones ni los hombres con botas o pesadas esclavas de oro, parte de la parafernalia que la cultura popular considera símbolos de la opulencia del narcotráfico. Lo que se ve son niños descalzos llevando bultos de leña a cuestas, mujeres cabizbajas y hombres de huaraches que miran recelosos a los fuereños.

—¿Por qué siembra amapola?

—No hay trabajo… Cuando no hay dinero, las niñas se van a ofrecer guajolotes, gallinas. A veces vendo maíz, frijol. De esto (la amapola) saco poquito, para el pasaje, para ir a Tlapa, para comer.

Las paradojas de la Montaña

El antropólogo Abel Barrera, quien conoce como pocos la zona y desde hace 14 años dirige el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, dice que “aquí, para sobrevivir, la gente tiene que migrar o sembrar amapola, no hay más”.

La Montaña Alta se distingue en el mapa porque 10 de sus 19 municipios tienen un alto grado de marginación. A su vez, Guerrero destaca porque, según la Procuraduría General de la República (PGR), ocupa el primer lugar nacional en la siembra de amapola. “Es un territorio de paradojas”, señala Abel Barrera.

La década de los 70, expone, fue un momento de cambio. Además de sufrir una fuerte militarización bajo el argumento de combatir a la guerrilla, en la región se desplomó la productividad agrícola y proliferó la siembra de mariguana y amapola, al tiempo que la migración tomó fuerza.

Sobre cómo llegó la amapola, el antropólogo cree que “los jornaleros que migraron a estados como Sinaloa, donde son utilizados como mano de obra barata, tuvieron contacto con la siembra de enervantes”.

Sin embargo, “al final, ellos no han tenido ningún beneficio”, son “los nuevos esclavos del narcotráfico”. Sembrar droga no les ha significado mejorar su nivel de vida, “al contrario, están en mayor riesgo, con más conflictos y criminalizados... Aquí la migración no ha resuelto la pobreza, tampoco lo ha hecho la siembra de enervantes... Sucede lo que siempre con los campesinos: ponen todo su trabajo y lo único que sacan es para comer tortilla con sal”.

Silencios y olvidos

En México, alrededor de 50 mil indígenas de 60 comunidades intervienen en la siembra de drogas, dijo Xavier Abreu Sierra, titular de la Unidad de Coordinación y Enlace de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, durante una conferencia de prensa en Querétaro, el 11 de marzo anterior. La Unidad de Investigación de EL UNIVERSAL le solicitó una entrevista para conocer el fundamento de sus datos. Roberto Pinelo, su secretario particular, respondió que “el narcotráfico no es un tema que competa a la comisión. Y no se hablará del tema”.

Pero en Querétaro, Abreu Sierra sí lo hizo. Según información periodística, aseguró que la mayoría de los indígenas que “voluntariamente” se incorporan a estas actividades habita comunidades de Guerrero y Michoacán. Hay cifras que conviene tener presentes. De acuerdo con el Centro de Estudios e Investigación en Desarrollo y Asistencia Social, en Guerrero 70% de la población indígena carece de ingresos suficientes para comprar la canasta básica de alimentos, cubrir gastos de salud, vivienda o vestido, es decir, viven en “pobreza de patrimonio”, como lo denominan los expertos. En Michoacán es 54.5% de dicha población.

En Los Pueblos indígenas de México, editado por la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas en 2008, el investigador Federico Navarrete Linares escribe que regiones como la sierra Tarahumara, en Chihuahua, y la Montaña de Guerrero “han sido invadidas por el narcotráfico que recluta, en muchos casos, por la fuerza a los indígenas o los orilla a refugiarse en zonas cada vez más agrestes y aisladas para escapara a la violencia”.

Y retrata esta realidad: 45 de cada 100 indígenas ocupados en el sector primario no reciben salario, manteniéndose de lo que producen o intercambian, mientras que 34 de cada 100 perciben menos de un salario mínimo.

Luz comenzó a sembrar amapola hace tres años. “Siembro poquito… quiero hacer una casita de material, pero no alcanza el dinero. Por aquí casi todos siembran… la gente pobre eso hace. ¿Qué va a hacer uno si no hay dinero?”. Su primera semilla la consiguió en un trueque, algo común en la Montaña. “Unos señores me compraron cerveza; me pagaron con semilla”.

Para aprender a sembrarla se contrató como peón. “Me fijaba cómo sembrar, cómo tirar la semilla, cómo deshojar. Tienes que ir con cuidado, porque ahí te resbalas, es la barranca. Ahí iban mujeres, hombres, muchachos de 12 años. Cuando vas de peón, pagan 50 pesos por día”.

Vienen los guachos

Llegar a la casa de Luz no es sencillo. De Tlapa de Comonfort (Guerrero), la ciudad más cercana, se sigue una de las carreteras maltrechas que conduce hacia los rincones de la Montaña Alta. Entre los cerros pelones se miran caseríos y una que otra cosecha de maíz. Hay temporadas, sobre todo entre febrero y marzo, en las que el panorama aparece salpicado de manchones rojizos. Son los cultivos de amapola.

Los guachos —como llaman los indígenas a los soldados— dejaron esta zona de la Montaña hace tres días. “Estuvieron como un mes... Cuando vinieron, que me escapo; me fui con mi primo, allá en otro pueblo... Cortaron todo. Ésta que tengo es la que salió primero”, recuerda Luz.

A unos pasos de su casa, está la barranca donde siembra amapola, sobre una superficie irregular de unos 15 metros cuadrados.

Abel Barrera, de la organización Tlachinollan, señala que la siembra de droga en las comunidades indígenas ha sido un pretexto para militarizar estas regiones, consideradas focos rojos por la existencia de guerrilla. “¿Cómo es que el Ejército tiene una fuerte presencia en la zona e informa que destruye sembradíos, pero continua la siembra y la pobreza?”.

—¿No le da miedo que vengan los guachos y se la lleven? —Luz sonríe.

—Sí, pues. A un muchacho se lo llevaron. Se fue tres años al bote. Ahora ya regresó y no siembra. Se espantó. A lo mejor sí siembra, pero poquito... Dicen que los guachos paran a la gente, le dicen, ‘¿Pa’ qué siembras?‘ Cuando la gente sabe hablar español, responde, ‘Pues pa’ comer... si no estoy robando, estoy trabajando‘. A mí nunca me han cachado.

Aún más aislados

En las cárceles del país hay 598 indígenas condenados por delitos contra la salud, cumpliendo penas que van de 10 a 25 años. La mayoría (209) fueron procesados por transportar droga, sobre todo mariguana; 31 por sembrar mariguana, y dos amapola. Estos últimos son de Chiapas, entidad que ocupa el primer lugar en número de indígenas presos (218), seguido de Oaxaca, Chihuahua, Guerrero, Sonora, Nayarit y Durango, según información de la Unidad Especializada para la Atención de Asuntos Indígenas de la Procuraduría General de la República.

En enero pasado, después de que la Armada de México anunció la detención de nahuas originarios de Aquila (Michoacán) acusados de transportar cocaína, Miguel Catalán Velásquez, de las Organizaciones para el Desarrollo Forestal Sustentable, dijo que “en la sierra no hay ningún trabajo, es por ello que pedimos impulsar proyectos productivos, sobre todo en la parte alta, donde no llegan funcionarios ni servicios”.

Humberto Baltazar lleva más de cinco años recorriendo zonas indígenas del país. Asesorar proyectos productivos en comunidades rurales le ha permitido saber que en regiones indígenas de Sinaloa, Oaxaca y la costa de Michoacán siembran mariguana, en tanto que la sierra Cora, en Nayarit, produce además amapola.

Dice que “estas comunidades quedan aún más aisladas por el narcotráfico”.

Sucede que cuando una comunidad o región indígenas (que ya de por sí se hallan en zonas de difícil acceso) son identificadas por sembrar droga, “las mismas instituciones de gobierno comienzan a dejarlas más aisladas; ya no entran a dar servicios básicos. Los maestros, los doctores, no quieren ir a esos lugares. No hay políticas públicas en esas regiones”. Dejan de llegar también los fideicomisos para apoyar el desarrollo agrícola, completa.

Las manos negras

Luz extiende un paliacate sobre el piso de tierra de su vivienda de adobe con techos de lámina, y deposita la semilla de amapola que ya limpió. “Cuando necesito dinero vendo la semilla a la gente de aquí, a los que siembran”. Una jarra de un litro, llena de semilla, se vende en 200 pesos. También comercia con ollas en el mercado de la ciudad, siembra un poco de maíz (para autoconsumo) y cría pollos. Hace cuatro años se separó de su esposo, algo que muy pocas indígenas consiguen.

Pide a su hija María, de 13 años, que saque el “chapulín”. La niña le entrega un trozo de madera con una punta filosa: es el “rayador” con el que cortan la cápsula de la amapola y extraer la savia.

“A veces le ayudamos a rayar”, platica la adolescente, quien cursa el primer año de secundaria. En la Montaña Alta es común que mujeres, hombres y niños participen en la cosecha del “maíz bola”. El aspecto de sus manos los delatan: la goma ennegrece los dedos.

Xóchitl Gálvez Ruiz dice que recorrió la Montaña de Guerrero siendo titular de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas y que ellos ocupan el eslabón “mal pagado y más expuesto” en la cadena del narcotráfico. “Los indígenas son víctimas del narcotráfico. El Estado mexicano ha fallado. Han sido décadas y décadas de abandono al campo. Ahora ese abandono se está pagando caro”.

—¿Quiénes le compran la goma? –se le pregunta a Luz.

—Unos señores que vienen de otros pueblos. Ellos vienen buscando si hay goma. Cada tres meses vienen y preguntan, ‘¿Tiene guaji’a?

—¿Guaji’a?

—Así le decimos aquí —entre los tlapanecos— a la goma. Así no se enteran los guachos… Cuando vienen a comprarla, los hombres preguntan casa por casa, pero sin hacer mucho ruido.