¡Búscanos en las redes sociales!

Síguenos en Twitter.com/c_indigenas o como @c_indigenas.
Búscanos en Facebook como Corresponsales Indígenas y hazte fan

03/11/2012

¿A dónde van los migrantes muertos en su día?


Carmen González Benicio, corresponsal

Tlapa de Comonfort, Gro.-
En este Día de Muertos la migración muestra a los difuntos que perdieron la vida porque tuvieron que salir de su comunidad en busca de mejores condiciones económicas enrolándose como jornaleros a los campos cultivo de Sinaloa o mojados a los Estados Unidos.

Ambos casos se encuentran en la familia Romero, indígena na savi, originaria de Cahuatache, del municipio de Xalpatláhuac que ante la carencia de tierras para sembrar al migrar a Tlapa, la falta de empleos, y su dificultad para acceder a la educación se vio obligada a migrar a los campos de cultivo en Sinaloa, donde se necesitaba su mano de obra, especialmente de los niños.

Carmela Romero Pastrana, quien también fue jornalera, pero después logró entrar a la primaria y secundaria contó que su sobrino Leonardo fue uno de los que quedó bajo las llantas de la batanka, el carro que se usa para recolectar las hortalizas  que los jornaleros cortan en los sembradíos.

Dijo que ella ya no fue esa temporada a Sinaloa, pero el cuerpo de su sobrino se quedó allá después de que el tractor paso sobre su cuerpo rompiéndole las costillas, aunque en ese tiempo por 1985 no se exigía justicia y las condiciones para ellos eran más difíciles.

En otro accidente perdió la vida su hermano Eugenio o el Tuku, como se conocía en la colonia Loma Bonita, quien después de salir durante varias temporadas a los campos de cultivo de Sinaloa como jornalero  le atrajo la idea de irse de mojado a los Estados Unidos.

Carmela contó que el viaje a los Estados Unidos lo hicieron sus dos hermanos Eugenio y Raúl, este más grande, quienes llegaron sin problemas a la frontera, pero cuando estaban cruzando el carro en el que iban se volteó por el exceso de peso ya que iban varios migrantes.

Ahí su hermano Eugenio fue el más afectado porque la estructura metálica del vehículo le rompió su columna vertebral y ya no puedo mover los pies; Raúl salió ileso, a ambos los trasladaron a territorio estadounidense para ser atendidos, “cuando se recuperó mi hermano Eugenio lo mandaron a México y a Raúl lo dejaron quedarse”, dijo y agregó “tal vez porque pensaron que él se encargaría de pagar su gastos y ahora sigue allá, él tuvo suerte”.

“Mi hermano Eugenio sólo vivió cinco años más después de ese accidente y ahora como a todos le ponemos su vela y sus flores como adulto, pues ya tenía más de 18 años cuando murió”, explicó.

La Fiesta de Muertos, celebración que beneficia a especuladores

Carmen González Benicio, corresposal
 

Tlapa de Comonfort, Gro.- El Día de Muertos dejó entrever que hace falta apoyo a los productores y a los comerciantes locales que se ven afectados por la venta de “mayoristas o revendedores” que traen las velas y las flores, elementos indispensables para recibir a los fieles difuntos; aunque también generan ingresos al municipio, principal centro comercial de la región. Los comerciantes coinciden que fue “regular la temporada”.

La asociación civil Unión de Comerciantes Auténticos de La Montaña planteó que los comerciantes foráneos desplazan a los locales ya que la falta de apoyos a los productores y a los mismos comerciantes incrementan los costos en los productos indispensables para la festividad.

Poe su parte el  director de Reglamentos y Espectáculos, Antonio Flores Robles dijo que los vendedores de flores de cempasúchil y el terciopelo dejaron un ingreso al municipio por 15 mil pesos en la temporada de Día de Muertos al pagar el 50 por ciento del pisaje acordado, bajo el  argumento de que fue mala temporada.

Enfatizó que la cantidad corresponde a los 30  vehículos que llegaron a las inmediaciones del río Jale y en el mercado nuevo para vender la flor de cempasúchil, insumo indispensable en el Día de Muertos, en la temporada inicio el 27 de octubre y culminó este 1 de noviembre y para poder establecerse los vendedores de flores pagaron pisaje diario y según la cantidad.

A las tipo estaquitas o Nissan  fue de 100 pesos; 150 para las de tres toneladas y a los Torton 200 pesos. “No quisieron que fuera por carro, porque los terminaban rápido y no les convenía”, dijo.

Agregó que pese a que se respetó el acuerdo de pagar por día los comerciantes sólo pagaron en efectivo el primer día y al segundo día pidieron el descuento del 50 por ciento con el argumento de que no vendía “aunque claro que cuando íbamos ya tenían otro carro lleno, pero decían que no habían vendido nada aún”, dijo.

Comentó que los comerciantes de flores “ya tienen mañas para no pagar el uso desuelo donde se ponen porque no quisieron pagar por temporada y luego no quisieron pagar al día “tengo la misma flor de ayer, no he vendido” comentó que les expusieron.

Dijo que algunos no pagaron con ese argumento “muchos foráneos no pagaron”; señaló.

Agregó que a los comerciantes ambulantes y semifijos se les cobró el pisaje normal de 10 pesos por día, quienes también diversificaron sus productos, pero no pueden competir contra los mayoristas.
El director de Reglamentos dijo que el ingreso al municipio por conceptos de comercio semifijo y ambulantaje y permisos diversos, aun mes de asumir el gobierno municipal, fue de  154 mil pesos.

La falta de apoyos a la producción incrementa los costos

El representante de la Unión de Comerciantes Auténticos de la Montaña informó que para el Día de Muertos, en el mercado Nuevo Horizonte para Guerrero se instalaron veleros, vendedores de flores foráneos en su mayoría porque no hay productores en la región por la falta de incentivos al campo y al comercio.

Dijo que se instalaron 120 puestos de veleros entre foráneos y locales, donde los primeros son el 60 por ciento porque en el municipio no hay productores de vela y llegan de Puebla o Chilapa; 60 vendedores de flores foráneos porque “la gente no siembra en la región y la van a traer a Puebla o Morelos”, dijo y agregó que eso incrementa los costos para el consumidor.

Se le preguntó que los costos de la flor estaban elevados ya que “el manojo” de flor de cempasúchil en Izúcar de Matamoros del estado de Puebla, a tres horas de distancia de Tlapa aproximadamente, costó a 40 pesos y en Tlapa se cotizo en más de 200 pesos a lo que respondió “cuando sales a comprar a otro estado se generan gastos que se deben cubrir con la ganancia y por eso al llegar a  Tlapa es otro precio, que aumenta cuando otra personas se la lleva a otro municipio y termina siendo el doble o triple de lo que cuesta, porque ya va en tercera mano”, justificó.

Agregó que eso puede disminuir si las autoridades brindan apoyos a los productores y a los comerciantes “todo se hace caro al ir a traerlo a otro lugar y nosotros dependemos de ellos”, manifestó. Además de que se genera una competencia desleal porque no sólo venden sus productos al mayoreo, si no que se quedan al menudeo “hasta dejan fiado sus productos a la gente que revende”.

Dijo que también se instalaron 45 panaderos locales para ofertar tradicional pan de muerto, de figuras antropomorfas,  el pan de sal, las tortas de canela grandes y pequeñas, que ante la baja de precios de los huevos, estuvieron más caros por su costo de producción.

Se observó en el mercado que gente de comunidades indígenas asentadas en las riberas del río Tlapaneco como los nahuas de Tlaquilizinapa que tienen zonas de riego acudieron a vender directamente sus productos como la flor de cempasúchil, las jícamas, que se siembran para la fecha, las naranjas que  también provienen de La Cañada, región productora asentada en la misma cuenca.

También que pese a la condiciones económicas la gente acude a comprar las velas, las flores, el pan, la fruta que colocó en sus altares para ofrendar a sus difuntos sean niños, adultos, hayan muerto de enfermedad, en accidentes o asesinados.

Pese a la transculturación, la celebración de muertos se mantiene viva


Carmen González Benicio, corresponsal

Tlapa de Comonfort, Gro.-
El alma de los difuntos se fundió con el humo y olor del copal parte importante en la celebración de Día Muertos en La Montaña, donde pese a la migración de los lugares de origen las tradiciones perduran y adquieren más fuerza en la periferia de la ciudad donde conviven  nahuas, na savi, me´phaa y mestizos.

La celebración del Día de Muertos prevalece en los hogares de las personas que migraron a esta ciudad. Si bien no han cambiado se han modificado “porque aquí todo compramos y allá en el pueblo ocupábamos cosas del campo”, contó don Felipe.

Contó que desde hace más de 30 años vive en la ciudad y desde ese entonces ponían ofrenda a sus muertos, al principio eran con cosas elaboradas por ellos como las velas que hacían con la cera de abeja; que apartaban a los productores en libras y quien no sabía hacerlas pedía el favor a otra persona “ahora ya todo compramos y hasta los de mi pueblo Totomochapa bajan a traer aquí, cuando antes sólo veníamos por pan y otras cositas para completar”.

Describió que las conservas de calabaza eran parte central en las ofrendas a los difuntos, “apartábamos  la más grande y gruesa  que sacábamos de la cosecha;  usábamos la flor de muerto que nacía en los calmiles y que sólo recogíamos y olía muy fuerte”  pero ya en la ciudad dejamos de sembrar y nos dedicamos a otras cosas.

 Dijo que en la ciudad todo se compra lo que aumenta los gastos para la festividad, pues tan sólo el manojo de la flor de cempasúchil costó 130 pesos, cada vela entre 20 o 60 pesos según el grosor escogido; el maíz fresco para los shatos cuyo litro salió a 12 pesos más sus ingredientes; el pan blanco a cinco pesos la pieza o tres por 10 pesos, aunque los costos variaban según el tamaño.

Explicó que la fecha de Día de Muertos para él comienza el 31 de octubre y termina el 2 de noviembre en que se llevan las velas y flores a la tumba de sus seres queridos, aunque sus vecinos na savi y nahuas ponen desde el 28 de octubre los caminos de flor de cempasúchil  y truenan cohetes para darles la bienvenida “aunque cada quien con sus costumbre porque como hablan diferente no nos entendemos, pero celebramos lo mismo”, reconoció, pues él sólo habla español.

La celebración la inició el 31 al medio día “dicen que a las 12 llegan los niños y a esa hora ya deben estar acomodas las 14 velas en el altar”, que arreglaron con carrizo y otate en forma de arco sobre la mesa; le colocaron las flores de cempasúchil, terciopelo y otras silvestres “porque el de los niños debe ser colorido” y les colocaron el pan blanco y de muerto, los shatos (hechos a base de maíz) y frutas, explicó.

El 1 de noviembre, al medio día nuevamente, se inició la ofrenda para los adultos. El mismo procedimiento: cambio de flor en los arcos, el carrizo, la fruta, el pan y para los adultos algunos agregados que les gustaban en su vida como el mezcal, los refrescos o los cigarros para que “tengan gusto de volver”. En su lista compró 35 velas para cada uno de sus familiares y de su esposa que recién falleció y es el primer noviembre que recibe su ofrenda y por lo cual ahora él se hará cargo de poner a sus familiares.

Las velas fueron encendidas al medio día, a las seis de la tarde y en la madrugada antes de llevarlas al panteón para “quemarlas” un rato porque según don Felipe no se deben acabar para que sus familiares tengan luz durante todo el año hasta que les pongan nuevamente.

La celebración concluyó con el reparto de la ofrenda a los familiares y vecinos que se colocó en el altar y que puede ser retirada después de brindarles un rosario a los Fieles Difuntos para el descanso de su alma.