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17 jun. 2010

Los indígenas homosexuales, vidas vulneradas y negadas culturalmente

Texcoco, Méx.- Vidas Vulnerables, hombres indígenas, diversidad sexual y VIH-Sida de Guillermo Núñez Noriega, es un texto necesario para las ciencias sociales y los derechos humanos, un llamado de atención para dejar de hablar de la tolerancia y, ahora sí, buscar el respeto y el reconocimiento de la condición humana, asumida como diversa.

El libro narra cuatro historias de vida de hombres indígenas: un hombre zoque; un ex zapatista tseltal; un joven tsotsil; y un hombre indígena chol; señalando, como hilo conductor, su involucramiento sexual y afectivo con otros hombres.

En esta travesía, el indígena es la figura que aparece ataviado por diferentes formas (prejuicios) de la condición social y humana, el ser indígena, ser homosexual, el vivir en la pobreza, el ser migrante, el ser portador de VIH-SIDA y todo lo que esto implica en una sociedad racista, clasista y donde la discriminación, la exclusión y la marginación son parte de la cultura.

A lo largo de la narración somos testigos de cómo la vida de un hombre indígena homosexual se construye como vulnerable a partir de los diversos elementos sociales y culturales. El autor mira, percibe, transcribe y comparte ésta realidad, que siempre ha estado ahí, silenciada, orillada; la realidad de los indígenas.

Nuñez Noriega nos invita, además, a mirar esa herida que tenemos pendiente en nuestro cuerpo, en nuestra conciencia, pues remueve lugares de nuestro ser, seguramente ya olvidados, que no sanan y que lastiman.

Las voces discriminadas hablan, nos cuentan el infortunio, la negación que parece formar parte de ese otro que es uno mismo. Un otro negado, excluido, marginado. Un otro incomodo, pendiente porque va ahí con nosotros. Un otro lastimado que es también el yo interno que no sana, que duele pero que también nos hemos acostumbrado a silenciar e incluso a negar.

En este sentido, la discriminación se reproduce casi inconscientemente ante nuestra parte indígena, ante nuestras propias raíces como nación multicultural.

Por su manera descriptiva, Vidas Vulnerables, hombres indígenas, diversidad sexual y VIH-Sida evidencia la separación de las identidades fijas promovidas por el discurso de lo gay. Así mismo, pone el dedo en la llaga en cuanto a las identidades modernas, donde la figura indígena homosexual es negada en la condición cultural, es discriminada porque vive en la pobreza, es silenciada y vuelta a negar otra vez en un mundo donde la cultura gay debe excluir al indígena homosexual por no cumplir con las características occidentales que definen lo gay.

De aquí la poca fuerza para poder entender las homosexualidades desde la terminología rígida de lo gay, pues la perspectiva “gay” se convierte en camisa de fuerza y pretende uniformar las prácticas sexuales hasta convertirlas en identidades fijas.

Lo gay se asume como una máscara que, aparentemente, subsana la discriminación y la convierte en una identidad que niega las otras formas de expresión sexual al encontrar refugio en una garantía de estatus, sustentada –parece decirnos el autor– en el poder, el dinero y los instrumentos que el mercado genera. Lo gay es lo legítimo, pues como producto del mercado se encuentra perfectamente bien ubicado en una clase en particular que, por supuesto, no incluye al indígena. La homosexualidad=gay, entonces, ha encontrado un sitio en la cultura capitalista y en el mercado.

Entonces, no sorprende, al leer las historias de vida de estos hombres, comprobar que lo indígena sigue siendo relacionado, en la práctica, con el menosprecio articulado en los discursos clasistas discriminatorios que perviven en nuestro país.

Las voces indígenas son negadas y se habla de ellas sin decir su nombre. Las voces de los sin rostro adquieren otra faz, la de la negación. Negación de la expresión sexual –de la diversidad sexual– pues para sobrevivir en este sistema que, de entrada genera exclusión, es necesario cumplir con ciertas características.

Con esto sólo quiero decir que lo gay no es la única identidad ni debe ser percibida como el lugar de llegada y de salvación de las homosexualidades. De hecho, ser gay continúa siendo una postura política para muchos, pero yo creo que es una postura parcial, toda vez que el movimiento gay ha sido atrapado por ese mismo discurso en el propio sistema político liberal. En ese sistema, la ideología liberacionista, la vida buena y sana es arropada por una posición económica definida.

Vidas Vulnerables, hombres indígenas, diversidad sexual y VIH-Sida es un libro militante, un texto político –sin que el autor lo pretenda, tal vez- desde la realidad sentida, pues son las voces las que nos ponen a pensar. Ser indígena y ser homosexual, de entrada rompe con los cánones más convencionales.

Hacen falta voces, tantas voces de muchos lados para seguir evidenciando la desigualdad social que traza los formas de vida que niega los cuerpos, que silencia las voces de las expresiones humanas.

Núñez Noriega escribe un baluarte que evidencia la pluralidad del país, integrada por los indígenas homosexuales, mismos que, sin embargo, en este mundo que se dice democrático tampoco están presentes.

Tenemos ante nosotros un libro para pensar que sí es posible la interculturalidad, el caso del indígena chol –del compartir, del dialogo entre las diferencias, la camaradería, la amistad de poder compartir las tantas expresiones culturales y humanas en este país, de reconocer su diversidad, de compartir el erotismo y el amor entre hombres, todo ello nos hace percibir con claridad la disidencia del sistema clasista que impregna aún los discursos de la vida homosexual en México.

Fuente: Manuel Amador Velázquez / CHICS / Enkidu Magazine

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