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10/04/2010

Jóvenes indígenas colman de sonidos las montañas de la sierra Juárez de Oaxaca


Foto: Archivo Corresponsales Indígenas (René López)

Capulalpam de Méndez, Oax., (La Jornada).- El metal y el viento retumban en las montañas de la sierra Juárez.

Decenas de niños y jóvenes músicos han invadido este pueblo, enclavado en un bosque donde hasta los pájaros parecen callar para atender los ensayos de las bandas que participan en las actividades académicas del programa Instrumenta Tradición.

Los chicos vienen de San Bartolomé Zoogocho, Otatitlán de Morelos, San Miguel Villa Talea de Castro, San Juquila Vijanos, Guelatao de Juárez, Ixtlán, cuna de los mejores músicos de la región. Los profesores son los cinco integrantes del neoyorquino Meridian Arts Ensamble, uno de los más representativos de la escena musical estadunidense en el área de los metales.

Desde muy temprano comienzan las clases. La música sale a borbotones de las pequeñas puertas y ventanas de la Secundaria Técnica 158, e inunda varias calles a la redonda. Los vecinos van y vienen, hacen su vida cotidiana acompañados por los graves y agudos de las tubas.

Casi todos sonríen, sienten orgullo de ser anfitriones de Instrumenta Tradición y lo demuestran organizando un comedor comunitario para atender a los jóvenes músicos y visitantes, "como en casa, como en familia", dicen.

Son días de fiesta y con ese ánimo acuden al concierto que el jueves por la noche ofrecen Jon Nelson, Brian McWhorter, Daniel Grabois, Benjamin Herrington y Raymond Stewart, integrantes del Meridian Arts Ensamble.

Música y pedagogía

La entrada al salón Presidentes, donde se realiza la presentación, es gratuita y el espacio se llena cinco minutos antes de iniciar el recital. Niños, adultos, ancianos, casi todos los del pueblo asisten, al igual que algunas familias que vienen de la ciudad de Oaxaca, a dos horas de este poblado.

Las ventanas y puertas del auditorio permanecen abiertas y quienes se quedan fuera disfrutan la música en una verbena envuelta también por el olor del pan recién horneado, los molotes, taquitos dorados y plátanos fritos que se venden frente al palacio municipal.

Todas las actividades (clases y conciertos) se inscriben en la cuarta versión de Instrumenta Tradición. En 2010 es la primera vez que el programa deja su sede en la capital de Oaxaca para "cumplir con una inquietud pendiente: realizar el encuentro en el lugar de origen de los músicos", explica Ignacio Toscano, director general de esta iniciativa.

Son más de 80 los alumnos inscritos, provenientes de 11 comunidades, todos ellos cuentan con una beca que cubre su hospedaje y alimentación.

Se trata de proporcionarles herramientas para mejorar su técnica interpretativa y estimular la formación de grupos de cámara. Cada integrante del grupo Meridian "representa a grandes escuelas de música, y ahora los intérpretes oaxaqueños recibirán esa formación de la más alta calidad internacional en su propio entorno. Ellos vienen con entusiasmo a compartir su música y su pedagogía", señala José Luis Castillo, director artístico de Instrumenta Oaxaca.

Acompañados por una traductora, los maestros neoyorquinos trabajan con los pequeños, que escuchan muy atentos y un poco tímidos. El trompetista Brian McWhorter propone a un alumno, de unos 10 años: "tú vas a indicarle a tus compañeros la velocidad a la que van a interpretar esa partitura, ellos deben seguirte, ¿sale?"

El niño asiente con la cabeza, un poco inhibido, pero cuando sus labios soplan por la trompeta, se vuelve enorme y su mirada sonríe al saberse el líder de su ensamble. Las niñas, morenas, menuditas, muy bien trenzados sus cabellos, también poseen tremendos pulmones para hacer sonar sus instrumentos toda la mañana.A la una de la tarde hay un receso para ir a comer, pero apenas terminan, los grupos de niños buscan algún rincón en el atrio de la iglesia, en el parque o en alguna esquina del pueblo para seguir ensayando. A eso juegan.

–¿Por qué te metiste de músico? –pregunta La Jornada a uno de los más pequeños.

–Porque me gusta la música.

–¿Te obligaron tus papás?

–No, no –y suelta una carcajada–, a ellos también les gusta mucho. Mi papá es músico.

–¿Por qué elegiste una trompeta y no una tuba?

–Porque la tuba está re pesada, no la aguanto.

–¿Qué te dice tu mamá cuando te ve tocar?

–Se emociona y siempre me recomienda: "hijo, estudia mucho".

En el taller de análisis musical para directores de banda están inscritos 18 alumnos, ellos tendrán la misión después de ir al pueblo que lo pida a formar una banda de música. En la sierra Norte de Oaxaca, como en varias regiones del estado, el pueblo es quien paga los honorarios de los maestros de música para sus niños, "pues si le pedimos al gobierno tanto programas de educación musical y profesores para las escuelas públicas, pues ya nos hubiéramos muerto esperando", dice un instructor.

Mientras, en los talleres de música de cámara reciben lecciones 16 ensambles oaxaqueños (de entre cuatro y seis integrantes), pero hay gran número de "oyentes" a los que se les permitió participar, pues en las comunidades aledañas se corrió la voz de que vendrían maestros extranjeros y nadie quiso perder la oportunidad.

Las bandas, elemento de identidad

Las bandas no son para los pueblos de la sierra Norte de Oaxaca un adorno o simple entretenimiento, dicen los muchachos, sino un vínculo muy fuerte, un elemento que fortalece su identidad y sus tradiciones, no obstante, lamentan que la migración los esté afectando.

Ante la crisis económica, la ilusión de muchos jóvenes es irse a Estados Unidos a trabajar. Pero mientras crecen y deciden su futuro, la música es parte indispensable de la formación académica de los niños de la zona, quienes según los profesores estudian 70 por ciento de partituras regionales y 30 por ciento europeas.

Instrumenta Tradición se inició el 7 de abril y concluirá este sábado. El viernes por la noche los alumnos ofrecieron un concierto y para la clausura se elegirá a los mejores para tocar con sus maestros neoyorquinos, por lo que los muchachos andan por todas partes con las partituras en la mano, leyendo y repasando.

Uno de sus máximos orgullos es saber leer música, ese lenguaje que, dicen unos instructores serranos, sólo se compara a los sonidos que nacen en la imponente montaña, que no deja pasar señales de telefonía celular, pero sí las nubes.

El maestro Ismael Méndez, de la comunidad indígena zapoteca de Zoogocho, señala que el método de enseñanza que utiliza es propio, tomando algunas cosas de programas de Colombia y España, pero, sobre todo, incluyendo conceptos muy diferentes a como se enseña música a los niños de la ciudad, "que no saben cómo suena realmente el trueno, el relámpago, la lluvia".

A propios y extraños sorprende que, al caer la noche, hasta los grillos "suenan fuerte", como las decenas de tubas, trompetas, cornos, clarinetes, oboes, trombones y saxofones que estos días acompañan a los pobladores del pueblo de

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