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9 ene. 2009

Pobladores de Quechultenango enfrentan a presuntos sicarios

■ El Ejército Mexicano no intervino pese a que mantiene un retén a la salida de la comunidad

■ Inútil despliegue de policías locales para buscar al comando; sólo encuentran 300 casquillos


Chilpancingo, Gro., (La Jornada).- Poco después de las tres de la mañana de hoy Delfina García Leyva, de 65 años de edad, escuchó ruidos en su domicilio, ubicado en la colonia Rubén Figueroa, anexa a la comunidad de Colotlipa, en el municipio de Quechultenango, en la zona centro del estado. De pronto esos ruidos se convirtieron en ráfagas de disparos de varias armas.

Delfina no imaginaba que quien recibía los disparos era su hijo Valentín Juñeño García, de 40 años de edad, quien murió. Unos 15 individuos vestidos de playera negra y pantalón de mezclilla del mismo color arribaron en tres camionetas a la colonia y se dirigieron al domicilio de Valentín, quien enfrentó a sus agresores.

Algunos vecinos narraron vía telefónica que, al percatarse del ataque a la casa de Valentín, varios hombres hicieron frente a los atacantes, que portaban rifles AK-47, G-3 y AR-15 principalmente.

Uno de los vecinos que intentaron repeler la agresión fue el comisario Artemio Acuentenco Morales, pero el grupo armado lo secuestró junto con su esposa, Eugenia Medina Tolentino.

Los testigos aseguraron que los disparos perforaron las paredes de las casas de Valentín y del comisario.

Uno de los presuntos atacantes fue herido y más tarde se encontró su cadáver en el punto conocido como El Guamúchil, a unos 800 metros del poblado de Colotlipa. Llevaba botas tipo militar y un sol tatuado en cada brazo; a un lado del cuerpo se encontró una granada de fragmentación.

Casi a las seis de la mañana llegaron decenas de policías municipales y ministeriales que se desplegaron en la zona.

El escueto reporte de la policía ministerial dice que se encontraron más de 300 casquillos. Un habitante de la colonia Rubén Figueroa preguntó a los comandantes policiacos por qué el Ejército Mexicano, que tiene un retén permanente a la salida de la comunidad de Colotlipa, no acudió de inmediato. “La balacera se escuchó en todo el pueblo. Los vecinos que pudieron repelieron al comando. ¿Cómo es posible que los soldados no se dieran por enterados?”, preguntó.

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