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9 nov. 2008

Trasladan su fuerza laboral a la Sierra para construir comedores


Ciudad Juárez, Chih., (El Diario).- Sus manos tienen 53 años, casi toda la vida han laborado porque sólo concluyó cuarto grado de primaria, pero Martha Trejo, una operadora de maquiladora, las puso a trabajar por la alimentación de los rarámuris.

El 31 de octubre se levantó a las 4:00 de la mañana para dirigirse a la planta en la que labora, pero a diferencia de otros días, no fue a las líneas de producción, sino que se subió a un vehículo que la trasladaría al municipio de Guachochi, en el corazón de la Sierra Tarahumara.

Acostumbrada a trabajar de lunes a viernes en una jornada de ocho horas que inicia a las 6:00 de la mañana, colaboró en cimentar en la comunidad de Pilares del ejido Norogachi, el primero de 12 comedores en la zona serrana.

Aunque a esta madre de tres hijos que reside en la colonia Josefa Ortiz de Domínguez, en el poniente, a veces no le alcanza el sueldo, decidió recorrer unos 800 kilómetros porque sabe que existe gente con más necesidades que ella.

Por eso cuando supo a través de la asociación civil Fondo Unido, que desde operadores hasta directivos de maquiladora, irían a construir merenderos en las áreas más precarias, no dudó en ser parte de los 43 voluntarios de 12 empresas maquiladoras que acudieron a echar a andar el proyecto.

Rafael Cruz Espinosa, un inspector de calidad de 30 años, cargó una maleta, donde además de una chamarra para aguantar el frío de la región, echó la disponibilidad para llevar piedra, revolver mezcla y colocar ladrillos.

El es integrante del comité de Fondo Unido Chihuahua en su centro de trabajo y le informan de las actividades que realiza la organización en apoyo de la comunidad juarense, pero ahora quiso no sólo constatar el quehacer, sino ayudar.

Los 12 comedores se construirán y equiparán con el dinero aportado de forma voluntaria por los trabajadores, con el objetivo de combatir la desnutrición y evitar que los menores deserten de la escuela por falta de alimentos.

Los alumnos beneficiados serán de edades entre seis y 12 años, quienes llegan a recorrer hasta más de dos horas para ir a clases, muchas veces con el estómago vacío.

El banderazo de inicio de construcción lo dieron Hilda Villalobos Gallegos, directora de Fondo Unido Chihuahua; Jaime Enríquez Ordóñez, vocal ejecutivo de la Coordinadora Estatal de la Tarahumara; Martín Solís Reyes, alcalde de Guachochi; Alicia Aguirre Bustillos, regidora y presidenta del Consejo Supremo de la Alta Tarahumara; así como José Antonio Sandoval Espino, gobernador indígena del ejido de Norogachi y quien fungió como traductor durante la ceremonia de inicio.

Con estas acciones los impulsores del plan no quieren que mueran más niños por desnutrición.

El proyecto surgió porque representantes de la Coordinadora Estatal de la Tarahumara, solicitaron la edificación de 18 comedores, de los cuales la asociación civil construirá y equipará 12, luego de haber sido aprobados por los comités de Fondo Unido Chihuahua que existen en las plantas maquiladoras y cuya terminación será en junio próximo.

En el organismo, que tiene 17 años de apoyar a instituciones de beneficencia y escuelas públicas, participan 115 empresas de 12 ciudades del estado de Chihuahua y 19 urbes de cinco entidades cercanas, que en conjunto suman 65 mil empleados de todos los niveles que cada semana hacen una aportación voluntaria, que puede ser desde uno hasta 100 pesos, explica Villalobos Gallegos.

“Es importante porque es nutrición, educación y salud de muchos niños”, recalca la directora ante decenas de rarámuris en la explanada de la escuela multigrado “12 de Octubre”, situada a unas dos horas del centro de la cabecera municipal de Guachochi y donde enfatiza que es un proyecto integral porque se atraerán niños no sólo para comer, sino para que estudien y sea atendidos médicamente.

Durante este 2008 se construirán tres, dos en este municipio en las comunidades de Pilares y Cumbres de Huérachi, así como otro en San Javier en el municipio de Guadalupe y Calvo.

Cada uno de los comedores tendrá un costo de 270 mil pesos, y los alimentos correrán por cuenta del Gobierno del Estado.

En el caso de Pilares, se beneficiarán 50 niños, pero se espera que sean más debido a que los alumnos acostumbran llevar a sus hermanos cuando existe un comedor.

Los empleados que aportaron los recursos corresponden a las maquiladoras Avery de México, ADC de Juárez, Delphi MTC, EES, S.A. de C.V., Lear MTO, Río Bravo plantas XX y XXII, así como Río Bravo Electrical (plantas I, II, IV, V, VII, IX, X, XIII y XXI), además de Scientific Atlanta, Lear Electrical Chihuahua, Lear Juárez y Alambrados y Circuitos Eléctricos.

Para el alcalde de Guachochi, este es un esfuerzo solidario porque ayudan al municipio en enfrentar la problemática de desnutrición.
Mientras, Alicia Aguirre Bustillos, regidora y presidenta del Consejo Supremo de la Alta Tarahumara, a nombre de sus hermanos rarámuris, agradece a la iniciativa privada por volver su vista a las apartadas regiones de la Sierra.

“Permitirán que nuestros niños tengan comida calientita cuando vengan a esta escuela, este es uno de los apoyos más importantes que hemos recibido”, subraya.

Para el vocal de la Coordinadora Estatal de la Tarahumara, la comunidad crecerá gracias al comedor porque los habitantes están en las áreas de más marginación y rezago.

Dice que trabajará porque los inmuebles no se conviertan en “elefantes blancos”, sino que garanticen la alimentación de los pequeños indígenas, quienes al estar una buena comida, podrán rendir mejor en sus actividades académicas, debido a que por falta de dinero muchos van sin desayunar.

Mientras que las autoridades aportarán los productos, las madres serán las encargadas de preparar los platillos.

De acuerdo con el funcionario, la eficiencia Terminal en la Sierra Tarahumara hasta hace tres años estaba en el 50 por ciento y ahora es del 62 por ciento.

Cristina Bustillos, de 14 años, alumna de sexto grado y quien habita en la comunidad de Cuechi, recorre unas dos horas para sentarse en el pupitre.
En su trayecto atraviesa un río, cuenta con una mirada un tanto desconfiada.

Con ella se va de lunes a viernes Ruperto González, de 12 años y quien va en quinto grado.

Dice que su abuela le da de desayunar frijoles, pero ahora está entusiasmado de contar con un lugar donde tendrá comida nutritiva.
Mercedes Bustillos Ontiveros, de 25 años y maestra de la primaria 12 de Octubre, atiende a 40 niños de primero y segundo grados.
“La verdad es que casi no vienen. Por ejemplo una semana vienen y luego otra semana otra, y así, faltan un poco”, dice respecto a la asistencia de los estudiantes.

¿Qué comentan?
Que casi no comen, nada más comen dos veces al día o una vez.

¿Qué comen?
Pues frijoles o pinole.

Por eso es que los voluntarios se sintieron satisfechos de ayudar en las comunidades de la Sierra Tarahumara porque saben que colaborarán en mejorar su calidad de vida.

“Es muy bonito, te quedas con la satisfacción de que estás ayudando a personas que de verdad necesitan el apoyo”, comenta Rafael Cruz Espinosa.

Otra de sus compañeras, Alma Rodríguez, de 57 años y encargada del departamento de capacitación y entrenamiento de una de las maquiladoras participantes, externa que se interesó en acudir en caravana hasta Guachochi porque deseaba hacer algo por la gente de su estado.

A la Sierra Tarahumara había asistido como turista, pero nunca a convivir con ellos tan directo. De no haber asistido, la mujer que es madre y abuela, hubiera dedicado el fin de semana a lavar y limpiar su casa como lo hace de forma cotidiana.

La actividad de los voluntarios empezó desde el viernes 31 de octubre. El sábado dieron el banderazo de inicio de construcción en Pilares, el domingo un grupo se regresó, pero otro se quedó para acudir a los diferentes municipios a poner los ladrillos.

Pero no sólo edificaron, el también convivieron con la comunidad, les llevaron juguetes a los niños, realizaron juegos y degustaron un asado de puerco, frijoles y arroz, como ocurrió el 1 de noviembre en Pilares.

Las mujeres rarámuris se sentaron con sus hijos en el suelo, mientras que los hombres sobre la cancha de basquetbol que tienen en la primaria “12 de Octubre”, donde además los adultos mayores realizaron una danza de matachines.

“Con esto estamos avanzando y mucho en las necesidades que se tienen por la dispersión que hay en las comunidades”, externa el alcalde de Guachochi.

Y luego reflexiona: “Dirán bueno, este comedor a quién va a servir si no vemos gente, aquí cerca. No se ven viviendas. Pues ellos viven, los rarámuris viven allá detrás de los cerros, de la montaña y hacen un esfuerzo por venir a estudiar los niños aquí”.

Y un comedor de mucho les va a servir, agrega, para alentar a que otros acudan a estudiar, debido a que en ese municipio el 70 por ciento de su población es indígena, donde el “Matétera Ba” significa gracias.
La regidora Alicia Aguirre Bustillos, indica que los padres de los estudiantes son agricultores que cultivan maíz, frijol, papa, calabaza, y uno que otro tiene chivas o borregos.

Le consta lo que sufren porque es maestra jubilada, “por eso conozco muy bien cómo viven”, comenta.

¿Por qué venir de Juárez?, se le pregunta a la directora de Fondo Unido Chihuahua.

Allá estamos acostumbrados a ver al tarahumara que vemos en la ciudad y la necesidad, aunque tienen mucha ellos también, es muy diferente a la que tienen aquí en la Sierra y eso es lo que podemos constatar con ellos, el venir aquí, el venir a estas lejanías, a este abandono, agrega.

Lo que prevén, expone, es un mayor número de niños en la escuela, que a pesar de las inclemencias del tiempo asistan.

“Aquí hay mucha necesidad, mucha hambre y hemos visto niños enfermos, y yo creo que cualquier papá lo que queremos es que nuestros hijos se alimenten, y si vemos que hay una posibilidad de que exista ese comida los van a enviar, eso está comprobado en los demás comedores que existen”.
Villalobos Gallegos dice que es una gran cadena porque no es comida lo que llevan.

“Estamos trayendo nutrición, vida, porque hay muchos niños que mueren por problemas de nutrición aquí en la Sierra, estamos trayendo educación, aunque no la veamos directamente nosotros es algo que automáticamente va junto con este proyecto y salud”, recalca.

Laura Baca, de 45 años y gerente de materiales, menciona que asistió a prestar su tiempo porque es un proyecto de compromiso.

¿Qué le dejó ayudar?
Generalmente vivimos como en una burbuja, no sabemos lo que pasa más allá de tu vida y tu crees que como tú vives, viven los demás, y esto es una realidad muy triste, porque me tocó ahorita ver a una niña que estaba llorando porque creyó que no le iba a alcanzar que le diéramos de comer, entonces eso es impactante, al menos para mí.

¿Cómo regresa a Ciudad Juárez?
Probablemente más sensibilizada y más conciente de todo lo que nos falta hacer y no nada más hacerlo en la Sierra porque en Ciudad Juárez tenemos la misma o un poquito más de carencia.

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