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9 nov. 2008

El planeta necesita otra revolución verde

Ciudad Obregón, Son., (Milenio).- Sesenta años después de que Norman Borlaug trajera a esta zona la revolución verde, salvando de la muerte por hambre a millones de personas en todo el mundo, los agricultores están conscientes de que hace falta una nueva reforma que transforme la productividad agrícola.

Pero ya no será tan fácil, sobre todo en África, donde la producción de alimentos crece al dos por ciento anual... pero la población crece al tres por ciento.

Incluso en este rincón de México donde se produce trigo en abundancia la situación es dura. Sequías más frecuentes, temperaturas más altas y nuevas enfermedades; fertilizantes más caros, suelos agotados y ecosistemas afectados son el pan de cada día.

Matther Reynolds, experto del Centro Internacional para el Mejoramiento del Maíz y el Trigo, dice que la siguiente revolución verde necesita combinar tecnologías probadas con prácticas sustentables. De otro modo, el mundo volverá a enfrentar el espectro de la inanición antes de medio siglo.

Reynolds dijo que en México se aplicaron al campo las nociones de la Revolución Industrial, con los consiguientes excesos. “Ahora tenemos que retroceder un poco y respetar el hecho de que las plantas y el suelo son biológicos. No son problemas de ingeniería. Son más complejos”.

Borlaug desarrolló en el Valle del Yaquí variedades de semillas híbridas que dieron a los agricultores de todo el mundo cultivos resistentes, fertilizantes, fungicidas. Sus avances lograron que la producción agrícola rebasara el impacto de la explosión demográfica durante 40 años. El mundo se salvó del hambre.

Pero la necesidad de hoy es muy diferente a la de antaño. Los agricultores en problemas son pequeños, cultivan maíz y carecen de recursos e infraestructura. Además, se viven años de precios de cereales por las nubes. Y los expertos ven más problemas en el futuro.

Desde México están partiendo a todo el mundo semillas de trigo resistentes al catastrófico patógeno UG99, y las técnicas que creó Borlaug siguen permitiendo a los cultivadores locales mayores rendimientos. Pero es posible que se esté llegando al límite en cuanto a poder sacar más rendimiento de las semillas, y la magia de la revolución verde se está disipando.

Los líderes yaquis dicen que los fertilizantes aumentaron la incidencia de cáncer entre los indígenas que cultivaban los campos. Los fertilizantes nitrogenados hicieron maravillas, pero también lanzaron al aire nubes de óxido nitroso, un poderoso gas de invernadero, y saturaron de nitrógeno las aguas del Golfo de California, alterando el ecosistema.

Pero muchos aquí aún creen en la agricultura basada en la ciencia, al estilo Borlaug. Los agricultores del Valle del Yaqui dieron este año 600 mil dólares para investigación agrícola, después de que las lluvias les permitieron alcanzar una cosecha récord de 1.2 millones de toneladas de trigo.

“Para nosotros, los investigadores son como la familia”, dice el agricultor Jorge Orozco, mostrando en su BlackBerry una foto de Borlaug de pie frente al trigo dorado de Orozco durante una visita al valle el año pasado.

Orozco es uno de los nuevos agricultores que quieren hacer más sustentable la revolución verde en el valle. Entre otras cosas, está probando el GeenSeeker, un sensor computarizado que explora las hojas de las plantas para determinar cuánto nitrógeno necesitan.

Ingenieros estadunidenses están desarrollando un modelo más barato para abaratar su uso a los agricultores africanos, dijo Iván Ortiz Monasterio, científico del CIMMYT en Texcoco.

Un aparato así podría salvar a aquel continente del daño ambiental que ocurrió aquí. “Pueden aprender de los errores de otros”, dijo Ortiz Monasterio.



Claves

El gringo

• Norman Borlaug llegó a Sonora en 1945 como parte de un proyecto de la Fundación Rockefeller para ayudar a combatir la roya del trigo, un hongo patógeno.

• El científico pronto se ganó la confianza y empezó a crear semillas híbridas y plantas resistentes a enfermedades. En la misma década creó variedades de trigo inmunes a la roya.

• En las décadas de 1950 y 1960, su equipo creó trigos enanos muy rendidores que, propagados por todo el mundo, alejaron durante decenios el espectro del hambre. Borlaug ganó en 1970 el Nobel de la Paz.

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