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20 oct. 2010

Los años pesan, pero nos enseñaron a trabajar, dicen mujeres mayas

Por Bernardo Caamal Itzá, corresponsal
Mérida, Yuc.- En la celebración del Día de la Mujer Rural, locatarias del mercado Lucas de Gálvez invitaron este martes a la Fundación Produce Yucatán, A.C. para exponer a la institución sus principales problemas de producción de flores, verduras, frutas y hortalizas de traspatio, en la búsqueda de alternativas para reducir costos de producción y encontrar mejores canales de comercialización del fruto de su trabajo diario.

"Muchas de nosotras vendemos aquí nuestros productos, con tal de apoyar la economía familiar y de heredar un mejor futuro a nuestros hijos", señalaron las locatarias a  Pedro Cabrera Quijano, presidente de la Fundación Produce Yucatán, A.C. 

“Aunque estamos celebrando este día especial con un poco de atraso (fue el sábado 16), sabemos que todos los días ustedes se esfuerzan por sacar adelante a su familia y con los hijos", señaló Cabrera Quijano durante el convivio, a las 6 horas de este martes, con las venteras del principal centro de abasto de la capital yucateca .

Para quienes trabajan y conocen el mercado, saben que en él no hay descanso, porque muchos clientes acuden a altas horas de la noche para comprar sus hortalizas, como es el caso del cilantro y otros productos agropecuarios que se necesitan para el hogar.

El cilantro por ejemplo, su demanda se eleva durante la temporada lluviosa y baja durante el mes de diciembre. Hay otros productos, como las cebollinas, chayotes, calabazas y pepinos, su venta es constante, pero en el caso de las tortillas que se elaboran para hacer panuchos – materia prima que es para elaborar esta vianda tradicional yucateca-, son elaboradas por las manos mágicas de las mujeres que provienen de comunidades como Kanasín, Muna y de las comisarias meridanas.

Golpe, golpe o dame paso”, se escucha por doquier; es un sitio donde  todos los días, numerosas personas se dan cita en este lugar para vender o para comprar algún producto en especial para la casa.  
Durante el recorrido que se hizo por la mañana en este mercado, se conoció historias de vida que impactan, tal como es el relato de doña Eusebia Canul de 59 años, oriunda de Ixil, Yucatán.

“Tengo 10 hijos y los crecí con este trabajo. Es un trabajo algo pesado, pero luego te acostumbras, como el hecho de estar de pie, eso de la una de la mañana para viajar hasta aquí. Necesito estar antes de las 2 porque mi venta  se da entre las 2 a 6 de la mañana, mis clientes provienen de fuera – mencionó Eusebia-, y tengo 28 años en esto”.

En un principio le daba vergüenza pregonar sus productos, pero en su opinión “es más vergüenza robar o hacer otras cosas y que luego será tu mote o tu carga para toda tu vida en la comunidad”, dijo Eusebia. 

En este trabajo no hay retiro laboral o te pensionan. Si no trabajas no comes, por eso cada quien labra su propio futuro”, complementó doña Natalia Canul Euán de 68 años de Caucel.

- “Tuve 10 hijos. A pesar del tiempo, nunca he tenido la oportunidad de contar con un puesto seguro para ofertar mis productos en el mercado. Me dedico a la venta de tortilla para panucho, y también traigo atados de cilantro, yerbabuena, epazote, limones y frutas de la temporada”.

Canul Euán compartió también que su esposo lo apoya en todo, pero lamentablemente las enfermedades y la falta de recursos económicos, propició que desde hace 30 años vendiera lo que produce su esposo de la milpa en el mercado de esta ciudad. 

Canul Euán llega al mercado a las 4 de la mañana “aquí me quito como a las 10 de la mañana, porque baja la venta, y por otro, viene el que hace la limpieza- que lleva el mote del “Gato”-, no sólo te saca del espacio que tienes sino que te cobra 5 pesos por tirar tu basura, y incluso te obliga a pagarlo”.

El Gato no se llena, tiene su sueldo y quiere más”, opinaron en lengua maya otras mujeres.
Las mujeres denunciaron que no los dejan trabajar a pesar del tiempo que llevan trabajando en este lugar, “y luego no hay trabajo, ni modos que me muera de hambre sin buscar el sustento de la casa”.

Varias mujeres que venden en este mercado, señalaron el hostigamiento a su labor por parte del encargado de hacer la limpieza y dijeron que aparte de que cobra por sus servicios en el ayuntamiento municipal de Mérida, desde casi 20 años cobra también a casi 200 mujeres que trabajan en el mercado; actualmente cobra 5 pesos sólo por tirar la basura dijeron otras señoras.

Por su parte, María Esperanza Pat Casanova de 63 años de edad, compartió que tiene 28 años de estar trabajando como afanadora en la ciudad, mientras que los fines de semana se dedica al lavado y otras actividades para complementar su gasto en el hogar y de esa forma apoyar a su pareja.

 “A mi enseñaron por mis padres de lo que significa el trabajo, no le tengo miedo y me gusta, y es una forma de defendernos en la vida, aunque no se me olvida cuando trabajaba en el plantel, llevando unas 50 pencas hasta el lugar donde había que juntarlos. Doy gracias Dios porque me tocó un hombre bueno, y el trabajo no me ha faltado aunque los años pesa y ahora me canso más rápido”, subrayó Pat Casanova.

En fin detrás de las palanganas de frutas y verduras que vemos todos los días en el mercado “Lucas de Gálvez”, están los sueños y las esperanzas de numerosas mujeres que desean que sus familias progresen.

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