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28 ene. 2010

Gucumatz, Kukulcán y Quetzalcóatl

Por Bernardo Caamal Itzá

La cultura maya al igual que otras culturas del mundo, siguen ofreciendo información de mucha valía para las nuevas generaciones que habitan el planeta tierra, a pesar de su renuencia por reconocer que los datos generados, pueden ser complementarios a los que se obtuvieron con la tecnología de punta con que cuenta la humanidad.
Pero como todo en la vida, todo tiene un inicio. En esta oportunidad, la idea es tratar de encontrar la relación que tiene Gucumatz, Kukulcán y Quetzalcóatl, porque en ocasiones en el mundo precolombino, el hecho de que un mismo personaje tiene múltiples nombres, dificulta entender esa relación.

En ese sentido, tuve la oportunidad de platicar con un buen amigo, Pedro Pablo Chim Bacab, y, hoy es una magnífica oportunidad para compartir la explicación que nos hizo en relación a Kukulcán que está fielmente representado en la pirámide de Chichén Itzá.

Pedro Pablo, conocedor de la cultura maya, cuestionó al inicio de esta plática ¿Sabía usted que Gucumatz es la versión quiché de Kukulcán, el nombre maya de Quetzalcoátl?.... de guc, en maya, kuk, plumas verdes del quetzal, y cumatz, serpiente; de tal forma que podría ser entendido como la serpiente de plumas verdes, serpiente-quetzal, serpiente de plumas preciosas o serpiente-ave-preciosa. Aunque es expresada de diversas maneras, esta deidad con escamas-plumas y cascabeles se funda en una misma creencia ancestral que reúnen los horizontes de las fuerzas del cielo y de la tierra. Sus múltiples y complejas representaciones simbólicas de tipo mitológico, religioso, filosófico, cronológico, matemático, artístico, atmosférico, se combinan y se fusionan, para mostrarnos la unicidad interdependiente de las tradiciones de la cosmovisión mesoamericana desde sus inicios:

“Solamente había inmovilidad y silencio en la oscuridad, en la noche. Solo el creador, el formador, tepú, Gucumatz, los progenitores estaban en el agua rodeados de claridad. Estaban ocultos bajo plumas verde y azules, por eso se les llama Gucumatz” (Popol Vuh).

Gucumatz-Kukulcán-Quetzalcóatl, tiene una función primordial en los principios de la creación, porque en ese entonces indican que el cielo estaba en suspenso fue elevado, y la tierra emergida del agua dio paso a las múltiples y complejas formas de vida: “y el cielo fue medido y se trajo la cuerda de medir y fue extendida en el cielo y en la tierra, en los cuatro ángulos de los cuatro rincones”.

Después de puntualizar estos aspectos, recalcó “A partir de ese tiempo, Kukulcán y sus atributos terrenales y celestes fue la medida central de todo conocimiento en Mesoamérica. De Can provendría la concepción racional del tiempo-espacio: el espacio es un cuadrado perfecto o rombo y el tiempo cíclico como el cuerpo enroscado de la serpiente cuando reposa. Can significa serpiente, pero también el cielo y el número cuatro, Tzab (cascabel) las pléyades. Cuatro son los rincones cósmicos entre el cielo la tierra y el inframundo representados por el rombo que tiene en su piel.

El rombo también representa el sentido de los cuatro puntos cardinales con sus respectivos colores y significados. Los sacerdotes supremos eran llamados Ahau Can o Ah kin. Estas simbologías del culto a Kukulcán, como modelos que fueron imitados en todas las actividades, diseños y construcciones, en la actualidad, aún se reflejan en los valores éticos y ecológicos, en las creencias, los ritos y rituales, ceremonias y costumbres de los pueblos indígenas. En la tradición oral, en sus apellidos personales, en la semántica contemporánea de sus lenguas nativas, en los nombres de sus pueblos. También es posible encontrarlos en sus bordados actuales donde aun entretejen la memoria de los antepasados, así como en los antiguos códices, en la arquitectura prehispánica, en su arte en cerámica, etc.

Can es el cuarto día de los veinte signos del tsol k´íin o calendario de los 260 días; dicen los antiguos que Kukulcán fue el inventor de las medidas del tiempo o cálculos calendáricos que se remonta en un día 4 hau 8 kumku (3500 a. c.)”.
Pues con esta información, Pedro Pablo, no sólo nos recuerda nuestros orígenes, sino lo que significa vivir la vida en el mayab.

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