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27 ago. 2008

Migrantes colapsan educación

Cancún, QR., (El Universal).- Niños provenientes de Chiapas, Tabasco, Veracruz, Morelos, estado de México, Distrito Federal, Yucatán y hasta de países como Guatemala, iniciaron clases en una suerte de vagones o campers habilitados como aulas móviles en Cuna Maya, una colonia irregular situada en plena selva, entre animales ponzoñosos y tierra suelta, en los bordes de Cancún, primer centro turístico de México.

Son casi 200 niñas y niños, lo mismo de primero que de sexto grado de primaria, quienes desde hace dos o cinco años llegaron de la mano de sus padres, migrantes atraídos por el mito de las grandes oportunidades laborales, de la calidad de vida y seguridad.

La demanda educativa provocó que la matrícula para el ciclo 2008-2009 creciera 5%, la más alta del país. La oportunidad de empleo en ciudades turísticas como Cancún (Benito Juárez) y Playa del Carmen (Solidaridad) origina que cada año lleguen a vivir al estado 30 mil nuevos habitantes. Ellos son los que demandan espacios en escuelas, calles pavimentadas, alumbrados públicos, drenaje, centros de salud e higiene, entre otros.

Los menores que recién comenzaron sus clases piden pizarrones, salones pintados y agua para los dos sanitarios que les pusieron afuera de las aulas móviles.

La Secretaría Estatal de Educación informó que Solidaridad tuvo este año el mayor crecimiento del padrón estudiantil con 11%; José María Morelos, con 7.1%; Benito Juárez, con 4.7%; Isla Mujeres, con 4.4%; Felipe Carrillo Puerto, con 4%; Cozumel, 3.9%; Lázaro Cárdenas, 3.6% y Othón P. Blanco, 2.9%.

El crecimiento de estudiantes en los últimos ocho años —a partir del ciclo 2000-2001 se acentúa— origina que la entidad enfrente falta de maestros, reconoció la secretaria de Educación, Cora Amalia Castilla Madrid.

Trabajo en equipo

Una veintena de madres de familia que lo mismo hacen labores de personal de intendencia que de guardias, se las ingenian en Cuna Maya para limpiar las mesas, ventilar las aulas rodantes, vigilar a sus hijos y torear los rayos del sol, que en aquel pedazo de tierra suelta, pegan recio en la piel y el ánimo.

Algunas con sombrillas, otras con hojas o cartones, se cubren el rostro empanizado de polvo, mientras se escucha el barullo de alumnos aprendiendo a sumar quebrados, a dividir o a estructurar un enunciado.

Fabiola León, madre de Mariana y Andrea, y presidenta del Comité de Padres de Familia, habla franca: “Cancún genera mucho dinero. No es posible que no tengan para construir una pinche escuela digna para sus niños”.

Ahonda: “¡Claro!, cuando vienen a pedir el voto, prometen, juran y piden, pero ya que están en el poder gobiernan para los de la zona hotelera, para sus amigos, sus familiares. Sus hijos van a buenas escuelas, privadas, en donde no hay dos baños para 200 niños. No es posible, no está bien y no es justo”.

Originaria de Guadalajara, esta mujer vivió en el Distrito Federal y luego emigró a Cancún. Sus hijas nacieron en la ciudad de México y ahora, intentan estudiar aquí, entre la tierra y la selva, porque el ayuntamiento de Benito Juárez, que preside Gregorio Sánchez, no tuvo lista la construcción de la escuela.

Para Glafira López Perdomo, directora de lo que será esa primaria, el asunto va más allá de la capacidad de los gobernantes para satisfacer demandas y cumplir obligaciones. “El problema es la creciente migración”, dice.

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